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Archive for 29 abril 2010

El bar no merecía ese nombre.

Algún optimista con muy pocas luces había llamado a aquel local escondido en los bajos de Argüelles El Oasis. Joan se preguntaba cómo aquella lúgubre sala con barra de madera de hacía 20 años y cinco mesas que acumulaban mierda desde hacía otros tantos años podía llenarse tanto, hasta el punto de que la inmensa mayoría de los parroquianos estaban de pie.

Joan cavilaba, mientras agitaba su copa en la mano.  Suponía que la mitad de la gente había acudido a tal encerrona instigados por el amigo madrileño marchoso que quería hacer de cabecilla de turno. ¡Hay un ambiente bestial, ya verás como se pone la cosa a eso de las dos!

Efectivamente. Bestial. El ambiente estaba cargado de sudor, hasta el punto de que no se llegaba a distinguir entre el propio y el que se acababa condensando en la piel. Joan sentía, en una mezcla de admiración y asco,  como esas pequeñas gotas tomaban forma en su brazo y en su frente, cuando una enloquecida rubia se abalanzó por su espalda entregada a la música que atronaba en el local y chocó contra él.

Parte de su copa se derramó sobre sus zapatos, y resignado miró a la causante de que ahora su calzado estuviera perfumado con un sutil aroma a ron de cinco euros.

Abrió sus catalanes ojos con asombro. Parecía imposible que en aquel lugar oscuro, sucio y sofocante hubiera ido a parar una chica como aquella. Sus curvas menudas se agitaban al rimo de la música; tenía los ojos cerrados y una sonrisa que no escondía a pesar de su tensión el volumen exagerado y sugerente de unos labios que enmarcaban unos dientes relucientes como el marfil pulido.

Aquella diosa ni siquiera había reparado en el estropicio que había ocasionado en los pies de un simple mortal como él.  Joan cayó en la cuenta de que no estaba bailando con nadie, de que se retorcía frenéticamente buscándose a sí misma. Esa energía probablemente se la daba algún que otro fruto dispensado de manos de uno de los varios camellos que había por el local intentando disimular su condición. Eso sí,  sólo ante aquellos que no quisieran encontrarlos.

La contempló absorto durante un buen rato. Pensó en dirigirse a ella, en bromear sobre sus zapatos, hacerla sonreír.  Pero aquel ron, en contra de sus previsiones, le había sumergido en una estúpida melancolía resignada. Además, seria mejor no sacarla de su estado. Joan sabía que no era bueno despertar a un sonámbulo en sus ensoñaciones, nunca se podía saber cómo iba sentarle la interrupción.

Mientras la miraba se dio cuenta de que ya la había perdonado, y de que al fin y al cabo había merecido la pena perderse en aquel antro.

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Es una visión un tanto pesimista de la evolución sí, pero una visión muy bien llevada. Es lo que tiene, me ponen un dibujo delante,  y me pierdo. Y desdeluego la música es…¿qué decir?

IT’S EVOLUTIOOON BABEEEEEEEEEEEEE!!!!!!!!!!!!

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