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Archive for the ‘Opinión’ Category

Hoy me dije, mientras esperaba en el aeopuerto, demonios, cuántas cosas de las que hablar.

Podría ponerme a escribir sobre lo que me indignan los indignados y seguir por la mezquina clase política que se dedica a dar bandazos cuando debería dirigir (eso sí que sería una utopía y no el anarquismo). Pero por no reincidir en la llaga nuestra de cada día, podría repartir estopa a Relaño, ese gordo “friki” que parece no haber hecho deporte en su vida y que se dedica a sentar cátedra desde su artículo del AS. De paso comentaría la persecución que sufre mi querido Real Madrid por alto, guapo y rico. Eso me recuerda a los popularísimos “deportes Cuatro”, el show estúpido y sesgado amenizado por los dos payasos de turno. Tela. Ahí sí que tendría yo tela que cortar. Porque tirando del hilo de los “deportes Cuatro” empezaría a hablar de las televisiones y la bipolaridad según pulse los numeritos, o de los programas idiotunos de los que salen como si de un pozo sin fondo se tratara infinitud de personajes que constituyen el ejemplo de lo que no se debe ser, o de…de mil y un conejos que salen de la caja mágica día tras día. ¡La tele! Buf, demasiado pretencioso, sería un tema de nunca acabar.

Asi que me digo, ¡céntrate! (aunque la palabreja hoy en esta España de mi corazón y mis desvelos suene franquista para unos y traicionera para otros), y me dispongo a hablar de la educación. ¡Qué revuelo! Hace poco leía a Almudena Grandes ( y cito textualmente, no como les gusta a los de los dichosos periódicos deportivos, en los que las comillas casi señalan la falsedad en rojo)

Yo, sin embargo, creo firmemente que una escuela pública igualitaria, gratuita, laica, interclasista y de calidad, constituye el primer peldaño de la civilización y el único modelo a escala de una auténtica sociedad democrática. Solo por eso, la habría escogido, pero la calidad de la enseñanza también cuenta. En los colegios privados y concertados suelen enseñar, como norma general, docentes que no han logrado entrar por oposición en la escuela pública

Soy carne de concertado, vaya, y hasta estudié la mayor parte de mi vida en un colegio de (¡demonios!) monjas, asi que por alusiones, el dichoso artículo me dejó pensando. Me acordé de mis profesores, y si bien siempre uno odiaba al tiratizas de turno, cuando terminé aquella etapa no pude más que albergar agradecimiento y buenos recuerdos. No estuvo tan mal joder. Los docentes de los que habla la señora Grandes deben de ser la repera comparados con mis segundones. El caso es que esa gente (y la vida)  me enseñó a cuestionarme las cosas, por inamovibles que parecieran, y a razonar, y razonando pienso cositas…¿Igualitaria? ¿Que nos iguala? ¿En qué? ¿En derechos? ¿En facilidad de acceso? ¿En lavado de cerebros? Uy uy uy terreno fangoso. Detrás de una escuela siempre hay un gestor, privado o público, o algo así ¿no? Y si fuéramos serios en este país, quizás respetaríamos la independencia de la educación con respecto del poder político de turno. Pero esto es España, y yo, visto lo visto, no me fío un pelo. Prefiero competencia y elección, a obligación y devoción. Y entiéndamese, la devoción aún siendo de carácter místico puede tener por objeto los más dispares (y laicos) cosos. Pero en fin. Sí, la educación es el quid de la cuestión, al menos en eso estoy deacuerdo. Hay mucho analfabestia suelto.

El artículo, que por cierto se llama “Mentira podrida”, por si a alguien le hace, acababa aludiendo al modelo franquista y no sé qué gaitas. ¡Premio! ¡Otro extensísimo tema del que hablar! ¡Las dos Españas! ¡El olvido! ¡El Estatut! Pero si hasta podría liarme con Bildu…Ah no, esto adquiere tintes dramáticos (¿dije políticos? eso quería decir) y no es plan de monotemizarme.

Seguí devanándome los sesos y más y más temás acudían a mi mente: universidad pública versus privada (en mi paladar ambos sabores se han mezclado), el arte y las chorradas (a menudo se confunden..pero…¿cuándo? ¿Quién delimita la frontera?), los becarios, los voluntarios y los salvavidas (cadenas) de los contratos, el último libro que leí, el próximo que debería de leer, los amigos  y los noamigosperotiposcercanosdelosquenrealidadnoséunamierda, de la lealtad, de la generación de las medias tintas (la mía he de decir)…

No sabía por dónde empezar, y menos con cierta tensión que empezaba a martillear mis sienes. Suspiré y levanté la mirada, buscando consuelo en la realidad, esa de carne y hueso, asfalto y ceños fruncidos. Encontré unos ojos saltarines, abiertos como platos, sorprendidos pero vivaces en su reconocimento. Pertenecían a una esbelta jovencita de melena alborotada y mochilón aventurero. Su ropa y calzado hablaban de una mala elección para salir del avión, pero su caminar resuelto y la expresión divertida de su rostro transmitían hambre de expriencias  y ganas de vivir. Pasó de largo sin reparar en mí, y me dejó pensando en que se dirigía hacia su futuro de la manera en la que todos deberíamos de afrontar nuestro tedioso día a día.

Al momento me sobresalté, cayendo en la cuenta de que aquella chica había borrado de un plumazo todo aquello de lo que iba a hablar, y se había llevado con ella el dolor de cabeza.

Arturo Garrido Galán 2011

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En los ojos de los viejos y de las despedidas brilla el orgullo y la nostalgia por las historias que ya solo contempla la memoria.

A. G. G. 2011


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Cildo Meireles, Proyecto Coca-Cola (1970)

-Y qué si eso es arte. A mí no me lo parece.

– Vamos a ver. ¿Dices que no es arte por qué? Has de comprender al artista, cómo era su situación , la época en la que vive, el discurso que sigue a lo largo de su carrera y el lugar que ocupa esta obra en ese recorrido, el lenguaje en el que se basa para representar su…

-Pamplinas. Perdona, es cierto, podría ser que sabiendo esas choporrocientas cosas le encuentre un sentido al zurullo ese, es probable que hasta mueva algo en mí. O no. Joder, lo que quiero decir es que creo que algo merece la pena cuendo nos conmueve sin necesidad de ser explicado. Cuando la fibra que toca no está relacionada con la lógica, con la mente, con lo conceptual. Es cierto que puede haber de eso pero de ahí a que sea lo fundamental…

-Uhm…¿como la naturaleza?

-¿Qué? Bueno sí, en cierto sentido sí. Cualquier ser humano (habrá excepciones joder, tú ya me entiendes) presencia una cascada, una enorme caída de agua, con ese estruendo, ese espectáculo tan real pero a la vez tan evocador…y se emociona. En mayor o menor medida algo dentro de nosotros se mueve.

-Creo que sé a lo que te refieres. Lo común de todos nosotros. Aunque sabe Dios qué cojones es eso. Pero…eso es una visión un tanto…espiritual. A veces el arte con sólo mirarse a sí misma genera una obra lógica, una nueva vuelta de tuerca a su lenguaje. Como las vanguardias, como con el urinario,…se que a un aborigen del África profunda se la traerá al pairo la descontextualización, las burlas al sistema establecido y todo eso. No sé si me explico.

-No del todo.

-Quiero decir que en ninguna parte se dice que el Arte ha de hablar de algo que supere al hombre, de algún modo ajeno a él. Es generado por su mano, y al fin y al cabo de lo que tiene que hablar es de su autor. Sería como pretender que de un limonero ha de surgir el concepto del limón, todo lo que sugiere, su espíritu, su reflejo en el infinito.

-Se te ha ido con lo del limón espiritual. Normal que te guste el arte contemporáneo.

-Ha sido una solemne tontería. Es probable. Quiero decir que de lo real sólo puede surgir el reflejo de lo real, y no hemos de extrañarnos por ello o pretender otra cosa.

-¡Discrepo! ¿Qué es lo que hace grande al hombre?

-¿Al hombre? Pues medir más de dos metros.

-Ya salió el de lo real. Hoy pagas tú el café, con tu sucio y tangible dinero.

-Sí, no creo que acepten tarjetas de espiritualidad en este sitio.

-¡Sabes a lo que me refiero! No te hagas el tonto. Lo que hace grande al hombre es la búsqueda de lo imposible. La pretensión de lo futuro, sus ansias de llegar más alto. Valores como la nobleza, el valor, la honestidad…son probablemente inalcanzables, somos humanos y por tanto falibles, caeremos, nunca alcanzaremos la perfección. ¡Pero no es necesaria! Lo que es necesario es su búsqueda. Y volviendo al arte…aunque parezca hallarse fuera de lo real, hay que pretender algo que trascienda, no limitarse y conformarse con plasmar con juegos formales de modos más o menos acertados la realidad.

-Dios acabarás por calentarme la cabeza con tus ideas inflamadas de proyectos irrealizables. ¡Ni tú has producido nada que se acerque a eso que predicas!

-Ey, sin faltar. Ya te dije que soy humano. Pero sé que la grandeza está en el camino y en errar, y ahí la busco con ahínco.

-Idiota. Así te va con las mujeres.

-Touché. ¿Me invitas a otro café? Que pongan un chorrito de ron a cuenta del vil metal de tu bolsillo.

-Lo dicho. Morirás pobre.

-Pero no pobre de espíritu.

-Pobre e idiota.

Los dos rieron cómplices mientras pedían la siguiente ronda.

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Ey, no nos engañemos, el género humano a menudo apesta. Sí, es bueno decirlo, darse cuenta, tomar conciencia. Jode, porque aunque al final ineludiblemete todos acabamos siendo unos hideputas, perdón por la expresión, al principio del cuento siempre tenemos buenas intenciones.

Ahora es cuando el que suscribe y la mayoría de los que leen piensan que no, que en nuestro caso somos fundamentalmente buenos, y nuestras intenciones y aspiraciones no conllevan ninguna hostilidad para con el prójimo. Y eso, amigo mío, es imposible. Somos demasiados, y los recursos a los que aspiramos, sea comida, un puesto de trabajo, una churri ( o churro), el dinero o simplemente los asientos en el metro son aspectos materiales y por lo tanto limitados. Lo que se traduce en conflicto. ¿O es que piensas regalar tu dinero? No seas hippiepollas, hazte un favor.


Otra cosa es que haya dado precisamente con el único lector yuppi o loco ( o precisamente cuerdo) al que lo tangible se la trae al pairo y lo que valora tanto en él como en los demás son esas cosas pertenecientes al ámbito de lo etéreo y difuso, como es la amistad, el amor, (el humor), la belleza, la lealtad, la honestidad…en fin, si no eres tú, no hace falta que continúe sonrojándote enumerando aquello que debería importarte, y si lo eres, pues bien, ya me entiendes; el rollo ese que es tan sumamente fácil de comprender y harto difícil de llevar a la práctica. Pero estoy empezando a divagar: hideputas.

Tengo la suerte de haberme cruzado a lo largo de mi vida con personas que son lo suficientemente sensatas como para darse cuenta de que nadie es ni bueno ni malo, dentro de los estándares habituales de esta palabras. Esa gente me ha hecho ver que en cualquier momento lo que tenemos delante, todos y cada uno, son opciones, elecciones ante una situación real, y que es la manera en que las afrontamos lo que nos define, no una idea preconcebida de ser humano. Así, tanto en tí como en mí existe la posibilidad de hacer cabronadas, hablando en plata, o de no hacerlas, o incluso la opción de hacer algo digno que nos diferencie de los chimpancés. Resumiendo: todos somos hideputas, pero podemos escoger no desarrollar ese lado.

Por esto prefiero huir (y tú deberías de hacer lo mismo, hablo en serio) tanto de los beatos estúpidos que creen que todo es genial como de aquellos pesimistas empedernidos que ven una especie de sino maléfico irrenunciable en sus quehaceres. La cosa no va a pecar hagas lo que hagas, joder. Y aunque seas el mismísimo Satanás, tú también puedes encontrar nuevos hobbies más constructivos que ir haciendo el mal. Eso sí, somos todos unos cabroncetes en potencia, y aunque lo seamos sólo en potencia siempre nos llega la hora de meter la pata, porque somos humanos: falibles, torpes y con dudosa rectitud moral, si alguna vez alguno de nosotros la tuvo.

Ahora bien; sabiendo esto, siendo conscientes de nuestsa capacidad de elección, nos toca luchar por no claudicar. Hemos de reconocer el mal, mirarlo a los ojos y desafiarlo con testarudez, aunque el primer paso  de esta terna suela ser el más complicado. Eso es lo que me gusta de tipos como Nietzsche: reconocen la imperfección, pero luchan por cambiar ese estado, porque tienen la convicción de que hay otra realidad posible. Y si no pretenden cambiarlo, como nos suele pasar a todos (es una labor titánica), al menos no se engañan. Ni a ellos mismos ni a ti. Mejor la honestidad, aunque duela.

Me caen bien los cabrones honestos, no puedo evitarlo. Saben que el hombre es una hermosa posibilidad. Hilando con esto último, no recuerdo bien donde leí algo parecido a…“preocúpate cuando nadie sea capaz de decirte que haces algo mal, porque significará que nadie cree que puedas hacerlo bien.”

2010

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Empezar con buen pie, eso dicen que sería lo suyo al empezar una nueva tarea, porque lo que mal empieza mal acaba. Ese pequeño primer paso es determinate, aun siendo anecdótico ante la totalidad de nuestros actos posteriores. Y si no, que se lo digan a la buena de mi vecina, 63 años, montones de brazadas, gritos y pataleos, todos inútiles porque iban precedidos de un mal paso en el escalón más alto. Cuatro metros de aguzadas escaleras rodando, y cuatro meses en el hospital, un miedo terrible a las alturas y a salir de casa y una cadera destrozada ya por mucha terapia que reciba. La importancia de “empezar con buen pie”  no sólo la encontramos en ejemplos domésticos, también la conocían desde tiempos inmemoriales multitud (sino todas) las culturas. El sacrificio de una bella virgen para dar por inauguradas las festividades podía tornarse en la maldiciónde unas intensas jornadas de desgracia si la susodicha no resultaba ser del todo “casta”; encender a la primera el puñetero pebetero olímpico (aunque haya que recurrir a algún que otro truquejo) parece dejar respirar al público; la subida al caballo torpe de un rey, tan torpe que es devuelto al suelo con un relincho y un rumor de la multitud que despide a la soldadesca, presagiaba mucha sangre amiga derramada en el campo de batalla…y qué decir de un cuatrimestre en el que empiezas con 4 suspensos de 5 asignaturas en la universidad. No, definitivamente, no se confunden al dar importancia al empezar con buen pie.

¡Já! Me contestó la conciencia, rememorando. Acuérdate de esa mujerzuela tan guapa a la que echaste el guante hace un par de meses, después de la manifestación feminista. Qué bien empezásteis. Cúantas veces no te insultó el segundo mes, y no siempre sin razón. Qué mal acabó la cosa con esa terrible cicatriz en la frente que te dejó al devolverte el último regalo de disculpas (¿una sartén? ¡en qué estarías pensando! En lo de subormal machista acertó). Y acuérdate también de lo mono que eras de pequeño. Mírate ahora. Piensa en Maradona. En Ronaldinho. Maldita sea, mira el deslumbrante vergel que era la tierra no hace tanto y contempla el jodido estercolero en el que se está convirtiendo. ¿Qué conclusión sacas? Eso es. Importa el final. Cómo acabas.

Parón. Me doy una vuelta por la casa. No me gusta lo que escribo. Para ser mi primera entrada, algo falla. Sin embargo, sé que la respuesta a lo que planteo está ahí. En ese vaso de leche a medio tomar. En la carrera de “cinco” años sin terminar. En todos los momentos interminables en los brazos de una mujer. En cada uno de los libros que descansan en mi mesilla con el marcapáginas a la mitad. Ahora, rememorando esa sensación de comprensión, selecciono más fácilmente cada palabra, cada punto y cada coma. Porque entiendo que lo que cuenta en un paseo, en un blog, en un libro, en un amor…en la vida en definitiva, no es el primer paso ni el último, sino el camino.

Bienvenidos a un pedazo de lo que contemplo mientras ando.

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