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Posts Tagged ‘felicidad’

Hoy, por casualidad, me acordé de ti, niña de ojos sonrientes.

Hoy, como muchos otros días, he sentido todo aquello que nunca hicimos como un susurro hiriente en mi nuca.

Pero, a pesar de todo, niña, me enseñaste a ser feliz.

Gracias.

 

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Y seguimos aquí.

Dibujando sin tener nada que ver. Esperando sentados a que pase nuestro destino y le reconozcamos, con la ilusión de que la felicidad nos de un par de toques en el hombro.

Dame una cerveza y alguien con quien hablar. Seré capaz de sacar mi mejor sonrisa. Dame algo por lo que luchar, y seré el más valiente de tus guerreros, porque valiente es aquel que tiene miedo y nada por lo que seguir viviendo. Luchar. Sangre sudor y silencio.

En cambio tú, allí sentada, grácil, pareces levitar; tu pelo huele a jazmín desde aquí. Deliro. Mis ojos temen cruzarse con tus pupilas y quedar allí prendidos.

Si no hubiera espejos, si sólo fuéramos capaces de ver lo que nuestra mente siente, tú serías más feliz y yo contigo, porque sería capaz por fin de asomarme a lo más hondo de tu mirada y reconocerme allí en calma.

Gracias por la vida, gracias por estar ahí con los músculos relajados y el mirar perdido esperando la música; mi música. Las notas del atardecer nos abrazan, y nuestros cuerpos acompasados buscan improvisar la sinfonía eterna, esa que lleva sonando desde el principio de los tiempos.

Piel, corazón y sangre. ¿Cómo pudieron esculpir tal David de tan sólo piedra muerta? Piedra salvaje hay en cada montaña, y a pesar de haber montañas en todo el horizonte, no hay figura que se recorte en mis crepúsculos como la de tu cuerpo.

Malditos todos aquellos que sólo miran, ocisosos, su ombligo, regodeándose de su redondez. Maldito yo, entonces, y también mis pervertidas intenciones; ojalá arda en el infierno por pretender hacer de la vida tan sólo un acto vital. Respirar. Mirar. Besar. Soñar. Amar. Caminar.

Y mientras tanto tus labios suspiran y palpitan recordando un tiempo que nunca fue y, sin embargo, existió en tí y en mí.

A. G. G. – 2010

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Sueño

He de decir para empezar que tan sólo recuerdo nítidamente una imagen. Un beso, con dos caras como protagonistas: Laura Leiva y Jose, su gran amigo Jose  “el amanerado”, la eterna promesa de escapada del armario.

Durante el sueño también aparecían Fernando Barragan y algún compañero de la antigua facultad que aún no logro recomponer (y tampoco quiero, no vaya a ser que vicie con conciencia mis recuerdos del sueño). Pero el papel de éstos estaba empequeñecido por la gran escena que yo contemplaba, y la cual me es imposible ubicar en ningún tiempo ni marco concretos. Únicamente una puerta se abría en un pasillo (en el cual yo presumiblemente me encontraba) y de ahí emergía la figura enclenque de Jose Ángel, de espaldas, seguida de la de Laura, colgada de sus hombros, mirándose ambos a los ojos, sonrientes, exultantes.

*Como estoy hablando de un sueño, y ya de por sí mi mente tiende a adornar las escenas cotidianas, todo esto que contemplo está engalanado (abarrotado sin gusto sería más adecuado) con infinidad de matices y cargas sentimentales. Tras este apunte, continúo. *

Los dos, absortos en la contemplción mutua, cerraban los ojos un momento sin dejar de sonreír, y se besaban. Despues de un tiempo al cual no consigo dar medida, sus bocas se separaban.

Yo, desde mi posición (tontamente limitada por mi subconsciente en mi propio sueño) sólo alcanzaba a verla a ella. Quedaba enterrado bajo la abrumadora felicidad de la cara de Laura, embellecida con las sutiles pero efectivas cinceladas de la dicha y rodeada del aura casi mística del que se sabe afortunado. La envidia y la tristeza me invadían.

Y ahí acaba mi visión.

Verano 2009

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