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Archive for 27 octubre 2010

Ey, no nos engañemos, el género humano a menudo apesta. Sí, es bueno decirlo, darse cuenta, tomar conciencia. Jode, porque aunque al final ineludiblemete todos acabamos siendo unos hideputas, perdón por la expresión, al principio del cuento siempre tenemos buenas intenciones.

Ahora es cuando el que suscribe y la mayoría de los que leen piensan que no, que en nuestro caso somos fundamentalmente buenos, y nuestras intenciones y aspiraciones no conllevan ninguna hostilidad para con el prójimo. Y eso, amigo mío, es imposible. Somos demasiados, y los recursos a los que aspiramos, sea comida, un puesto de trabajo, una churri ( o churro), el dinero o simplemente los asientos en el metro son aspectos materiales y por lo tanto limitados. Lo que se traduce en conflicto. ¿O es que piensas regalar tu dinero? No seas hippiepollas, hazte un favor.


Otra cosa es que haya dado precisamente con el único lector yuppi o loco ( o precisamente cuerdo) al que lo tangible se la trae al pairo y lo que valora tanto en él como en los demás son esas cosas pertenecientes al ámbito de lo etéreo y difuso, como es la amistad, el amor, (el humor), la belleza, la lealtad, la honestidad…en fin, si no eres tú, no hace falta que continúe sonrojándote enumerando aquello que debería importarte, y si lo eres, pues bien, ya me entiendes; el rollo ese que es tan sumamente fácil de comprender y harto difícil de llevar a la práctica. Pero estoy empezando a divagar: hideputas.

Tengo la suerte de haberme cruzado a lo largo de mi vida con personas que son lo suficientemente sensatas como para darse cuenta de que nadie es ni bueno ni malo, dentro de los estándares habituales de esta palabras. Esa gente me ha hecho ver que en cualquier momento lo que tenemos delante, todos y cada uno, son opciones, elecciones ante una situación real, y que es la manera en que las afrontamos lo que nos define, no una idea preconcebida de ser humano. Así, tanto en tí como en mí existe la posibilidad de hacer cabronadas, hablando en plata, o de no hacerlas, o incluso la opción de hacer algo digno que nos diferencie de los chimpancés. Resumiendo: todos somos hideputas, pero podemos escoger no desarrollar ese lado.

Por esto prefiero huir (y tú deberías de hacer lo mismo, hablo en serio) tanto de los beatos estúpidos que creen que todo es genial como de aquellos pesimistas empedernidos que ven una especie de sino maléfico irrenunciable en sus quehaceres. La cosa no va a pecar hagas lo que hagas, joder. Y aunque seas el mismísimo Satanás, tú también puedes encontrar nuevos hobbies más constructivos que ir haciendo el mal. Eso sí, somos todos unos cabroncetes en potencia, y aunque lo seamos sólo en potencia siempre nos llega la hora de meter la pata, porque somos humanos: falibles, torpes y con dudosa rectitud moral, si alguna vez alguno de nosotros la tuvo.

Ahora bien; sabiendo esto, siendo conscientes de nuestsa capacidad de elección, nos toca luchar por no claudicar. Hemos de reconocer el mal, mirarlo a los ojos y desafiarlo con testarudez, aunque el primer paso  de esta terna suela ser el más complicado. Eso es lo que me gusta de tipos como Nietzsche: reconocen la imperfección, pero luchan por cambiar ese estado, porque tienen la convicción de que hay otra realidad posible. Y si no pretenden cambiarlo, como nos suele pasar a todos (es una labor titánica), al menos no se engañan. Ni a ellos mismos ni a ti. Mejor la honestidad, aunque duela.

Me caen bien los cabrones honestos, no puedo evitarlo. Saben que el hombre es una hermosa posibilidad. Hilando con esto último, no recuerdo bien donde leí algo parecido a…“preocúpate cuando nadie sea capaz de decirte que haces algo mal, porque significará que nadie cree que puedas hacerlo bien.”

2010

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